Tres proyectos, dos socios y un solo número claro
Cada fin de año volvía la misma pregunta —quién puso cuánto y en qué se fue— y se respondía a fuerza de planillas cruzadas. Así se ordenó la contabilidad de un grupo productivo sin perder una sola operación.

Los gastos se pagaban desde tres cajas distintas: la personal de cada socio y una cuenta común, sin un criterio único de quién pagaba qué. Al llegar el cierre, reconstruir los aportes llevaba semanas de planillas cruzadas y las diferencias terminaban en discusiones. Nadie podía afirmar con números si un proyecto era rentable o lo sostenía otro.
La operación se separó en proyectos, fuentes de fondos, categorías e ingresos, con Finanzas como módulo central. Cada gasto quedó asignado a un proyecto y a la fuente que lo pagó, y cada aporte de socio se registró en el momento. El cierre dejó de ser una reconstrucción manual: pasó a ser un reporte que ya estaba armado y que cualquiera podía abrir.
“Dejamos de discutir números y empezamos a mirar el reporte. La conversación cambió: ya no es quién tiene razón, es qué hacemos con lo que muestra.”
Socio administrador · Testimonio representativo
- Aportes por socio visibles al instante, sin reconstruir
- Cada gasto asignado a su proyecto y a la fuente que lo pagó
- Rentabilidad por proyecto sin planillas cruzadas
- Cierre anual en días, no en semanas